Hay situaciones compuestas por bellos escenarios y actores. Están ahí, nos envuelven participando como espectadores silentes.
Ayer, caminé por una senda rodeada de árboles nativos, añoso, frondosos testigos enraizados al fluir de la vertiente.
Entre molles y boldos corría por la quebrada hacia abajo cristalina el agua aposada por etapas entre las piedras. Mi papá me señaló una patagua tumbada, había sucumbido a su propio peso, al terreno y los años, estaba abatida de lado a lado, parecía un puente... la naturaleza y sus intervenciones.
Cruzamos el pequeño y apacible estero, en días de lluvia rebosa, mientras estábamos atentos a que piedras pisar para no mojarnos los tobillos, me di cuenta que algo oscilaba sobre el agua.
Fue mágico, el sol bajaba e iluminaba a través de los árboles traspasando con sus dorados rayos y acariciando a las hojas lustrosas con sus distintas tonalidades de verde, me encontré con esa escena mientras trataba de distinguir que era esa oscilación, al parecer nos observaba, ante mis ojos tenía una hermosa libélula de dobles alas, estuvo suspendida unos segundos cuando comenzó a danzar y se hizo parte de la escena, el sol también la acarició y a sus transparentes alas que resplandecieron con una tonalidad dorada.
Continuamos nuestro camino, hasta que nos percatamos de su compañía durante algunos pasos, la libélula nos seguía desplazándose con su mágica danza.
Llegamos a los pies de un belloto, inspeccionando sus ramas estábamos cuando entre el follaje apareció danzante la libélula, nos acompañó unos metros, ante su presencia no me quedó más que decirle "hola!", cruzamos el estero y voló hacia su húmedo hábitat con su grácil sincronía, agitando sus cuatro alas como si fuera una danza ritual.

Los mitos y las leyendas acerca de las libélulas difieren de Este a Oeste y muchas cultura han utilizado las libélulas como símbolos tanto de bondad como de maldad.
En China las libélulas no han tenido gran reconocimiento, sólo han sido consideradas como símbolo del verano así como de inestabilidad y debilidad.
En Japón, por el contrario son símbolo de éxito, victoria, felicidad, fuerza y coraje. Durante el siglo XI las familias nobles de Japón usaron la libélula como ornamento en todos los textiles de su mobiliario. La libélula fue escogida para hacer parte del escudo de la familia Samurai. Japón no siempre ha tenido ese nombre. La leyenda dice que el Emperador fue mordido por un caballo alado, el cual a su vez, fue mordido por una libélula. El Emperador honró a la libélula nombrándo una región de Japón como "Akitsushima", o "Isla de la Libélula", traduciendo esa palabra al español.
La reputación de las odonatas (nombre que recibe la familia a la que pertenece la libélula) ha sido muy tergiversada desde el siglo XV en Europa cuando los insectos fueron asociados con serpientes y con el diablo. Actualmente son temidas porque se la cree peligrosa, mas la verdad es que no representan ninguna amenaza, ni siquiera poseen aguijón para punzar.
En nuestros días el idioma inglés aún se refiere a ellas con términos como "hos-stingers" lo que quiere decir algo así como "poseedoras de aguijón". Los australianos a su vez les llaman "horse-stingers" o "caballos con aguijón". Se cree que han recibido estos nombres porque aparecen en enjambres cerca de los caballos que han sido lastimados, mientras corrían o saltaban, dando la apariencia de que están relacionadas con el estado de estos, cuando en realidad están controlando a otros insectos que podrían molestar realmente a los caballos.
Los italianos creen que Satanás envió libélulas desde el infierno para causar desgracias en el mundo.
Los mitos acerca de la libélula aparecen tanto en Europa como en América. La libélula ha sido denominada "La aguja zurcidora del Diablo" porque en una superstición casi cómica acerca de este animal, se dice que cose las bocas de los niños mentirosos, regaña a las mujeres y maldice a los hombres mientras duermen.
Los indígenas Navajo ven a la libélula como símbolo de la pureza del agua. Sus textiles y joyas muestran distintos diseños de esta criatura. Una de las más bellas historias acerca de la libélula es un mito de los habitantes de una villa Zuni acerca de 2 niños que fueron abandonados por los pobladores cuando la cosecha de grano falló. El niño más pequeño construyó una libélula de juguete con las cáscaras para alegrar a su hermana. Eventualmente, la libélula cobró vida y apaciguó a los espíritus del cultivo quienes les dieron a la aldea una gran cosecha de grano.
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